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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDH) 

Integración de áreas para el tratamiento: Los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad usaron los servicios de salud y educación con más frecuencia cuando presentaron comorbilidades mentales y del neurodesarrollo.

Dres. Larson K, Russ S, Halfon N y colaboradores
SIIC
Pediatrics 127(3):462-470, Mar 2011



Introducción

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una de las alteraciones cognitivas y conductuales más frecuentes en niños en edad escolar en los EE.UU. Los niños con esta enfermedad tienen problemas en varias áreas, incluidos el desempeño académico y las relaciones sociales y familiares. Los estudios también muestran que los niños con TDAH presentan comorbilidades con otros trastornos como la depresión, los trastornos de ansiedad, los problemas de conducta, la epilepsia, los tics y las alteraciones de la comunicación.
El presente estudio utilizó información de 2007 de la National Survey of Children’s Health (NSCH) para evaluar los patrones de comorbilidad, desempeño y el uso de servicios en niños de los EE.UU. con TDAH. Este fue el primer estudio que investigó el TDAH y las comorbilidades relacionadas con esta enfermedad y su asociación con la presencia de múltiples alteraciones y el impacto en el desempeño y en la frecuencia de uso de servicios de salud y educación.
Métodos
La NSCH se usó para tomar una muestra de 91 642 padres de niños entre 0 y 17 años. Se eligió en forma aleatoria un niño en cada casa y se entrevistó telefónicamente al padre o al cuidador. El estudio incluyó a 61 779 niños de 6 a 17 años. Se les preguntó a los padres si el niño había recibido el diagnóstico de TDAH y si actualmente tenía esta enfermedad. Los niños conformaron la categoría de TDAH si los padres contestaban afirmativamente las dos preguntas. También se investigó la existencia de comorbilidades con el mismo procedimiento y se interrogó acerca de la presencia o no de 10 de ellas: problemas de aprendizaje, trastornos de la conducta, ansiedad, depresión, problemas en el lenguaje, trastornos del espectro autista, problemas de audición, epilepsia, convulsiones, problemas de visión y síndrome de Tourette.

En cuanto al desempeño del niño, los padres informaron si éste tenía dificultades para la realización de actividades normales para los niños de determinada edad. El desempeño escolar se evaluó mediante el informe de los padres respecto de si habían tenido o no contacto con el colegio debido a problemas en ese ámbito o si el niño había repetido algún año. Los padres también informaron sobre las habilidades sociales del niño. También se analizaron las dificultades en el cuidado del niño mediante la escala Aggravation in Parenting. Por último, se investigó el uso de servicios de salud o de educación en el año previo al estudio mediante informes de los padres.

Resultados

La prevalencia de TDAH informada por los padres fue del 8.2%, que corresponde a 4 010 000 de casos a nivel nacional. Los niños con TDAH tuvieron mayor predisposición a presentar otros trastornos mentales o problemas en el neurodesarrollo. Por ejemplo, el 46% de los niños con TDAH tuvo dificultades en el aprendizaje en comparación con un 5% que no tenía TDAH. De la misma manera, el 27% (frente al 2%) tenía trastornos de la conducta, el 18% (contra el 2%) presentaba ansiedad, el 14% (frente al 1%) tenía depresión y el 12% (contra el 3%) tenía problemas en el lenguaje. En total, el 67% de los niños con TDAH tenía al menos un trastorno mental o del neurodesarrollo en comparación con el 11% de los niños sin TDAH. Entre los niños con TDAH, el 33% tenía sólo un trastorno comórbido, el 16% presentaba 2 y el 18% tenía 3 o más.

En relación con la información demográfica, los padres de menores ingresos o de madres solteras informaron mayor cantidad de niños con TDAH. Los niños en familias de escasos recursos tuvieron 1.4 más probabilidad de presentar TDAH respecto de los niños provenientes de familias con más recursos económicos. El riesgo de tener 3 comorbilidades o más fue 3.8 veces mayor en niños de hogares con escasos recursos. Las comorbilidades no variaron en relación con la edad o el sexo.

El 69% de los padres de niños con TDAH fue contactado por el colegio mayor número de veces en comparación con el 27% de los padres de niños sin esta enfermedad. El 29% de los niños con TDAH repitió algún curso escolar en comparación con el 9% sin este trastorno.

La asociación entre el TDAH y los problemas en el desempeño fue significativa. Los niños con TDAH tienen más problemas escolares, repiten más veces el grado, se comunican de peor manera, sus habilidades sociales son más reducidas y la molestia de los padres es mayor. Además, la probabilidad de tener un peor desempeño aumenta con el incremento de la cantidad de comorbilidades. El desempeño también fue menor en niños provenientes de hogares humildes, con una prevalencia del 44% en la repetición de grado en niños con TDAH de escasos recursos contra un 19% en los niños con TDAH con mayores recursos económicos.

Los niños con TDAH suelen usar más los sistemas de salud y educación respecto de otros trastornos de la salud mental o del neurodesarrollo. El empleo de ambos sistemas es aun mayor en niños que presentan comorbilidades.

Discusión

En 2007, el 8.2% de los niños en edad escolar de los EE.UU. recibió el diagnóstico de TDAH, lo que corresponde a 4 millones de casos a nivel nacional. La mayoría de estos niños tiene al menos una comorbilidad, lo que indica que los casos puros de TDAH son más la excepción que la regla. Casi un quinto de estos niños tiene un cuadro clínico complicado con 3 comorbilidades o más. Las comorbilidades más frecuentes en esta población son los problemas de aprendizaje, la ansiedad, la depresión y las alteraciones en la conducta. Se observó mayor incidencia de comorbilidades en niños con TDAH de hogares con escasos recursos económicos. Una explicación posible es que el TDAH puede tener algunos factores etiológicos que parecen más frecuentes en hogares humildes, como por ejemplo el estrés materno y la exposición prenatal al humo del tabaco.

Consistente con la bibliografía existente, los niños con TDAH tienen más inconvenientes en el colegio, a nivel social y en el desempeño familiar. La alta prevalencia de repetición de grado y de problemas escolares indica que las necesidades de estos niños se están tratando deficientemente. También el alto grado de problemas de comunicación con los padres y el malestar de éstos indica que las familias necesitan mayor asesoramiento psicológico individual y familiar para tener un mejor vínculo con los hijos.

En relación con las comorbilidades, la mayoría de los médicos informa que suele indagar acerca de la depresión en los niños que presentan TDAH, pero sólo un 20% de los profesionales refiere estar capacitado para tratar niños con TDAH y comorbilidades.

Se observó que los niños provenientes de familias de escasos recursos tuvieron mayor número de comorbilidades, lo que indicó que se debería realizar un asesoramiento y un tratamiento más intensivos en esta población.

Si bien el estudio tuvo limitaciones, ya que los informes de los padres en cuanto al diagnóstico de sus hijos pudo contener falsos positivos o falsos negativos, los datos obtenidos fueron consistentes con la bibliografía ya existente.

Según los investigadores, este estudio fue novedoso porque demostró que los niños con TDAH usaron los servicios de salud y de educación con más frecuencia cuando presentaron comorbilidades.

Como conclusión, los autores señalan que los profesionales y los padres deben estar atentos a la alta prevalencia de comorbilidades mentales y del neurodesarrollo en niños en edad escolar con TDAH provenientes de los EE.UU. Así, determinan que se deben evaluar estrategias que integren el área social, la educación y la salud para el tratamiento de los niños con TDAH.

Complicaciones neurológicas e imágenes en niños  con infección crónica activa por EBV  


Infección crónica activa por Epstein Barr Virus (EBV); Estudio retrospectivo sobre complicaciones neurológicas de la infección crónica por EBV.

Dres. Nobutsune Ishikawa, Hiroshi Kawaguchi, Kazuhiro Nakamura and Masao Kobayashi
Pediatrics International (2013) 55, 72–78


Introducción

El Virus de Epstein-Barr (EBV) es un germen común que infecta a los niños. Aunque la infección primaria por EBV es asintomática en la mayoría de los individuos, algunos sufren mononucleosis infecciosa, que generalmente se resuelve espontáneamente después de alcanzar la inmunidad EBV específica. Sin embargo, el EBV puede causar una infección crónica en pacientes aparentemente inmunocompetentes. La infección crónica activa por EBV (ICAEBV) se caracteriza por síntomas crónicos o recurrentes similares a los de la mononucleosis infecciosa tales como fiebre, linfadenopatía y hepatoesplenomegalia. La ICAEBV se asocia con varias complicaciones que amenazan la vida, tales como síndrome hemofagocítico asociado al virus, neumonía intersticial, linfoma, aneurisma de la arteria coronaria, y compromiso del sistema nervioso central (SNC), cuyos mecanismos detallados no se conocen completamente.

Muchas de las complicaciones neurológicas agudas producidas por la infección por EBV han sido descriptas. Además, el EBV se asocia con varias enfermedades de causa desconocida, incluyendo trastornos neurológicos; sin embargo, pocos informes han discutido las complicaciones del sistema nervioso central de la ICAEBV. Morita y colaboradores documentaron calcificaciones en los ganglios basales de los pacientes con ICAEBV, y varios autores posteriormente reportaron el mismo hallazgo. También se pueden producir otras complicaciones del SNC en el curso clínico de la infección crónica por EBV.

En este estudio se presenta el análisis de las complicaciones intracraneales en 14 pacientes pediátricos con ICAEBV en el instituto donde se llevó a cabo el estudio. Se realizaron estudios neurorradiológicos en 10 de los 14 casos, que fueron revisados para revelar el impacto clínico de la ICAEBV sobre el SNC.

Métodos

Se estudiaron retrospectivamente las historias clínicas de los pacientes con ICAEBV internados en el Departamento de Pediatría del Hospital Universitario de Hiroshima entre enero de 1997 y noviembre de 2010. Todos los pacientes cumplieron con los siguientes criterios diagnósticos:  (i) síntomas de mononucleosis infecciosa persistentes o recurrentes, incluyendo fiebre, linfadenopatía, hepatoesplenomegalia, uveítis, neumonía intersticial, hidroa vacciniforme y alteraciones hematológicas, del tracto digestivo, neurológicas y cardiovasculares; (ii) un patrón inusual de anticuerpos anti-VEB, con niveles elevados de antígeno anti-cápside viral (VCA) y anti-antígeno temprano o detección de un aumento del genoma del EBV en los tejidos afectados, incluyendo la sangre, y (iii) una enfermedad crónica que no pudiera ser explicada por otros procesos patológicos conocidos al momento del diagnóstico. Se revisaron los estudios de neuroimágenes realizados en los pacientes.

Para los pacientes que se sometieron a tomografía computada (TC) o resonancia magnética (RM), se obtuvieron los datos clínicos, incluyendo los títulos de anticuerpos contra el EBV, tipo de célula portadora del EBV, y la carga viral. Se compararon las características clínicas y los datos de laboratorio de los pacientes con y sin secuelas neurológicas.

Determinación de células infectadas por EBV
Para determinar qué células portaban al EBV, las células mononucleares de sangre periférica (CMSP) fueron fraccionadas en células CD3 +, CD4 +, CD8 +, CD16 +, CD19 +, y CD56 + por citometría de flujo. Los linfocitos fueron inmunomarcados con anticuerpos monoclonales y ordenados utilizando BD FACSAria (BD Biosciences, San Jose, CA, EE.UU.). La eficacia de la separación superó el 98%. El ensayo de hibridación in situ se realizó utilizando la sonda EBER1. Los pacientes fueron definidos como portadores de una infección de tipo células T cuando las células CD3 + constituían el principal grupo de células que albergaban al EBV. Los pacientes se definieron como con infección de células tipo NK cuando las células CD16 + o CD56 + fueron el grupo principal de células infectadas con EBV.

Cuantificación de ADN del EBV
Se extrajo el ADN ya sea a partir de 1 x 106 CMSP o 200 ml de plasma. Se realizó un ensayo de reacción en cadena de polimerasa cuantitativa en tiempo real como se describe en otros lugares. La cantidad de ADN de EBV se calculó como el número de copias virales por µg de ADN de CMSP o por ml de plasma.

Resultados

Manifestaciones clínicas
Se enrolaron 14 pacientes (cinco varones y nueve niñas; edad al inicio de los síntomas, 1-12 años). Se observaron síntomas neurológicos durante el curso clínico en 4 pacientes y se realizaron estudios neurorradiológicos en 10 casos.

Los pacientes 1 y 2 mostraron anomalías neuro-radiológicas en la región posterior consistentes con el síndrome de encefalopatía posterior reversible (SEPR). Aunque la resonancia magnética del paciente 1 y la TC del paciente 2 demostraron plena reversibilidad, 5 meses más tarde, la resonancia magnética del paciente 2 mostró altas intensidades de señal en las imágenes potenciadas en T1 de la región témporo-occipital bilateral como en las imágenes potenciadas en T2 del globo pálido bilateral. Estos pacientes perdieron repentinamente la conciencia durante la quimioterapia, y ambos estuvieron mudos durante varios meses después. Su presión arterial fue de 140/90 y 130/100 mmHg, respectivamente. El paciente 1 se había sometido a un trasplante de células madre (TCM), mientras que el caso 2 no. En ambos pacientes, el tratamiento con ciclosporina A fue sustituido por tacrolimus, y la presión arterial se controló con éxito. Las convulsiones se detuvieron con diazepam por vía intravenosa y rectal. Al inicio del SEPR, no se detectó EBV en la sangre periférica del paciente 1, mientras que se encontró en la médula ósea del paciente 2, pero desapareció después de 3 meses. El líquido cefalorraquídeo no se evaluó en ninguno de los pacientes. El electroencefalograma (EEG) en la fase aguda mostró enlentecimiento difuso, que posteriormente mejoró en ambos pacientes. No se observaron descargas paroxísticas epileptiformes en ese momento. Aunque ambos pacientes recuperaron gradualmente sus niveles de habilidad lingüística y motora anteriores, desarrollaron epilepsia 2 y 5 años más tarde, respectivamente. El paciente 1 tuvo convulsiones parciales complejas y espasmos epilépticos y el paciente 2 tuvo convulsiones parciales complejas. Después del desarrollo de la epilepsia, el EEG inter-ictal mostró complejos de punta-onda en la región frontopolar bilateralmente con generalización en el paciente 1 y descargas pico en la región parietal bilateralmente y de manera independiente en el caso 2. En el paciente 1, las convulsiones fueron refractarias a los fármacos anti-epilépticos, mientras que las del paciente 2 fueron controladas con carbamazepina. Desafortunadamente, el paciente 1 murió repentinamente en su casa por causa desconocida a los 8 años.

El paciente 3, un niño de 8 años de edad, sufrió dolores de cabeza persistentes durante 3 meses. Se sometió a TC y RM, y se observó una calcificación en los ganglios basales bilaterales. No tenía otros síntomas neurológicos, y el dolor de cabeza resolvió espontáneamente.

La paciente 4 tuvo una hemorragia subdural en la hoz del cerebro. Cuando fue intubada para realizar plasmaféresis bajo sedación, se realizó la TC. Sus hallazgos de laboratorio fueron los siguientes: recuento de plaquetas 73 x 109/L, cociente internacional normalizado del tiempo de protrombina 0.87, fibrinógeno 1,92 g/L, dímero D 17,7 mg/L, y producto de degradación del fibrinógeno 18,5 mg/L. Estos datos no sugirieron una coagulación intravascular diseminada (CID). Tres semanas más tarde, una resonancia magnética de seguimiento también mostró una hemorragia subdural más que una calcificación.

El paciente 5 se presentó con pérdida de conciencia durante la primera fase sin tratamiento; sin embargo, se recuperó espontáneamente en unos días, y sus exámenes de resonancia magnética y líquido cefalorraquídeo fueron normales.

El resto de los pacientes no tuvieron síntomas neurológicos o hallazgos neurológicos anormales.

Todos los pacientes fueron tratados con quimioterapia. Los pacientes 1, 3, y 10 se sometieron a TCM. El paciente 1 desarrolló SEPR después del TCM, pero no se detectó EBV en sangre como se informó previamente.

Los pacientes 1 y 9 fallecieron, mientras que los otros permanecen con vida. Ningún paciente estaba infectado con toxoplasma, rubéola, citomegalovirus, herpes simple o VIH. No se observó anomalía aparente del desarrollo, pérdida de la audición, o epilepsia antes de la aparición de la ICAEBV en ningún paciente.

Datos de laboratorio
En los pacientes que desarrollaron epilepsia, el título de inmunoglobulina G (IgG) VCA  (anti cápside viral) fue de 1:160 en el paciente 1 y 1:80 en el paciente 2. La carga viral en sangre periférica fue de 2,7 x 105  y 1,0 x 104 copias/µg de ADN, respectivamente. En el paciente 3, que tenía calcificación de los ganglios basales, el título de IgG VCA fue de 1:40, y la carga viral fue de 2,0 x105 copias/µg de ADN. Los estudios endocrinológicos no encontraron ninguna anormalidad en el paciente 3. En el paciente 4, que tenía una hemorragia en la hoz del cerebro, el título de IgG VCA fue de 1:320, y la carga viral fue de 1,3 x 104 copias/µg de ADN. Cuando se realizó la TC antes de comenzar la plasmaféresis, la paciente no tenía síntomas neurológicos.

Discusión

El EBV puede causar diversas alteraciones neurológicas, incluyendo encefalitis aguda, encefalomielitis diseminada aguda, meningitis, neuritis craneal, cerebelitis, síndrome de “Alicia en el país de las maravillas”, parálisis del nervio facial, macrocefalia progresiva, enfermedad encefálica prolongada y calcificaciones intracraneales. Aunque los trastornos neurológicos asociados con la infección aguda por EBV se describen con frecuencia, pocas complicaciones del sistema nervioso central relacionadas con la ICAEBV han sido reportadas. En este estudio se reportaron cuatro de estas complicaciones en pacientes pediátricos con ICAEBV, incluyendo dos casos de desarrollo de epilepsia después del  SEPR, una calcificación de los ganglios basales, y una hemorragia de la hoz del cerebro.

El diagnóstico de SEPR se basa en síntomas clínicos característicos que se desarrollan en unas pocas horas y consisten en dolores de cabeza, alteración de la conciencia, trastornos visuales y convulsiones; los hallazgos neurorradiológicos predominantemente implican cambios posteriores (parieto-occipitales) en la sustancia blanca sub-cortical. Es decir, el SEPR es definido como un síndrome clínico-radiológico que tiene múltiples causas. El SEPR puede ocurrir en personas con diversas condiciones médicas, aunque muchos informes describen una relación entre la enfermedad renal, el embarazo o la quimioterapia inmunosupresora y el mencionado síndrome. Aunque muchos pacientes con ICAEBV se tratan con quimioterapia intensiva, la infección por EBV asociada a SEPR es rara vez informada; sin embargo, esta complicación se produjo en el 14% de esta serie (dos de 14 pacientes), lo que implica que no es tan rara. La médula ósea del paciente 2 era ADN positiva para EBV cuando se diagnosticó el SEPR en base a los síntomas clínicos característicos y los hallazgos radiológicos. El ADN del EBV fue detectado en la médula ósea hasta 3 meses después de la aparición del SEPR, lo que sugiere que el EVB contribuyó a los déficits neurológicos prolongados; sin embargo, como no se examinó el líquido cefalorraquídeo, fue difícil decir si la invasión directa del SNC por el EVB tuvo algún efecto. El mecanismo detallado del SEPR es poco claro, aunque se ha especulado que un desajuste en la autorregulación cerebral que resulta en edema vasogénico podría contribuir al desarrollo del SEPR. La hipertensión basada en un estado de inmunosupresión podría desempeñar un papel crucial en el desarrollo del SEPR; sin embargo, también se produce en pacientes no hipertensos. Ambos pacientes del estudio desarrollaron hipertensión temporalmente durante el tratamiento con ciclosporina A, por lo que se postula que el inicio en estos casos estaba relacionado con hipertensión asociada a ciclosporina A.

El SEPR fue considerado originalmente como "reversible" con buena recuperación; sin embargo, no siempre es reversible, en particular en términos clínicos. Aunque recientemente se estableció que algunos pacientes desarrollan secuelas neurológicas, incluyendo epilepsia, el desarrollo de la epilepsia ha sido una complicación rara en el SEPR. Los 2 pacientes de la serie desarrollaron epilepsia, en los que fue una de las secuelas tardías meses después de la recuperación del deterioro neurológico prolongado. La RM del paciente 1 demostró reversibilidad completa mientras que la del paciente 2 no. En particular, el caso del paciente 1 sugirió injurias permanentes no discernibles con técnicas de imágenes convencionales desarrolladas a nivel de la corteza cerebral. Aunque no se sabe cómo afecta el EBV a la fisiopatología del SEPR, se debe ser consciente que el SEPR seguido por epilepsia puede desarrollarse en pacientes pediátricos con ICAEBV.

Morita y colaboradores reportaron calcificación de los ganglios basales en pacientes pediátricos con ICAEBV. Ellos sugirieron  una relación entre la calcificación de los ganglios basales y la edad del paciente. La calcificación fue detectada en niños en edad escolar, pero no pudo ser detectada en los niños más pequeños. La edad del paciente fue consistente con esto.  Kimura y colaboradores documentaron calcificación de los ganglios basales en el 20% de los pacientes con ICAEBV. En esta serie, la calcificación de los ganglios basales se observó en el 10% (uno de cada 10 casos registrados se sometieron a estudios de neuroimágenes). Las calcificaciones intracraneales en los niños se asocian con diversas condiciones médicas, incluyendo enfermedades infecciosas, tales como infecciones congénitas por toxoplasma, rubeola, citomegalovirus, herpes simple, y otras (TORCH), infección por VIH e infección crónica por EBV. Los ganglios basales se ven afectados en su mayor parte en comparación con otras regiones intracraneales, tales como el cerebelo y la sustancia blanca cerebral en pacientes pediátricos infectados por VIH. El mecanismo patológico no se entiende completamente, pero es posible que factores similares causen calcificación de los ganglios basales en pacientes pediátricos con ICAEBV. En los pacientes con ICAEBV, se postuló que una injuria directa a los ganglios basales por el EBV o la exposición a citoquinas producidas por las células inflamatorias puede conducir a la calcificación debido a la vulnerabilidad del sistema nervioso inmaduro. Se propuso un patrón común de calcificación cerebral, en el que la calcificación intracraneal puede ser causada por un desequilibrio entre las señales de actividad celular y la energía disponible para la ejecución. La ICAEBV puede afectar el equilibrio del calcio a nivel celular en las células neuronales vulnerables en desarrollo. Además, se ha informado una presión intracraneal elevada asociada con calcificación de los ganglios basales en un paciente con ICAEBV. Esto llevó a los autores a plantear la hipótesis de que el dolor de cabeza en uno de los pacientes fue causado por el aumento de la presión intracraneal. Como en los casos anteriores, el paciente no presentó alteraciones endocrinológicas, síndrome de  inmunodeficiencia adquirida, o infección por TORCH. La calcificación de los ganglios basales es un hallazgo neurorradiológico específico en pacientes pediátricos con ICAEBV.

Se halló una hemorragia restringida casual en el 10% (uno de los 10 pacientes evaluados mediante exámenes neurorradiológicos) de esta serie. Raramente se informó hemorragia intracraneal relacionada con la infección por EBV. En el caso que presentó una hemorragia de la hoz del cerebro, no había antecedentes de trauma o síntomas neurológicos. Esa paciente no desarrolló ninguna secuela neurológica. Sus datos de laboratorio mostraron un conteo bajo de plaquetas, pero esto no condujo a CID. Esto implica que una hemorragia intracraneal asintomática puede complicar los trastornos hematológicos asociados a ICAEBV sin CID. Fernando y colaboradores indicaron que los hallazgos en las neuroimágenes de linfohistiocitosis hemofagocítica (LHH) podrían solaparse con los de un traumatismo craneal no accidental, que puede ser compatible con este paciente. La relación entre la hemorragia de la hoz del cerebro y la ICAEBV no está clara; sin embargo, la hemorragia intracraneal siempre se debe considerar en la ICAEBV asociada a LHH.

En cuanto al tipo de célula infectada, el EBV infectó las células T de tres pacientes con complicaciones del sistema nervioso central, y las células NK en un paciente. Los pacientes con células T infectadas presentaron SEPR, hemorragia intracraneal, y pérdida de la conciencia de causa desconocida. El paciente con células NK infectadas tenía calcificaciones intracraneales.

Los autores no han podido encontrar una relación entre las complicaciones del sistema nervioso central y el tipo de célula infectada debido al pequeño número de pacientes; sin embargo, los estudios anteriores detectaron predominantemente calcificaciones en los ganglios basales de los pacientes con células tipo NK. El paciente con calcificación de los ganglios basales también tenía infectadas las células NK. La calcificación intracraneal puede ocurrir en pacientes con células tipo NK.

Este estudio reveló que pueden ocurrir diversas complicaciones del sistema nervioso central durante el curso clínico de la ICAEBV pediátricas, a pesar que los mecanismos patológicos detallados no se conocen.

El SEPR en sí mismo no es una complicación directa de la ICAEBV, pero un posible efecto adverso relacionado con el tratamiento en estos pacientes. La hemorragia intracraneal tampoco puede ser excluida de una asociación con el tratamiento o bien puede ocurrir durante el curso clínico de la enfermedad, que incluye anormalidades neurorradiológicas asintomáticas. Por consiguiente, debe considerarse el examen neurorradiológico en pacientes sin síntomas neurológicos.

Sumado a los hallazgos radiológicos únicos durante el curso natural, pueden ocurrir secuelas neurológicas significativas asociadas a la quimioterapia. La quimioterapia es un tratamiento importante para la ICAEBV, y es necesario que la epilepsia después del SEPR sea reconocida como una posible complicación, que es rara en el SEPR por otras causas. Se necesita un estudio más grande para aclarar el impacto en el SNC de la ICAEBV pediátrica.

Comentario: Si bien los trastornos neurológicos asociados con la infección aguda por EBV se describen con frecuencia, también se han reportado algunas complicaciones del sistema nervioso central relacionadas con la ICAEBV. En este estudio se evaluaron 14 pacientes pediátricos con ICAEBV, (10 de los cuales contaban con neuroimágenes) donde se demuestran cuatro de estas complicaciones incluyendo dos casos de desarrollo de epilepsia posteriores al tratamiento del síndrome de encefalopatía posterior reversible (SEPR), una calcificación de los ganglios basales, y una hemorragia de la hoz del cerebro.

Este estudio reveló que pueden ocurrir diversas complicaciones del sistema nervioso central durante el curso clínico de la ICAEBV pediátrica, aunque los mecanismos fisiopatológicos no se conocen completamente. Los autores no han podido encontrar una relación entre las complicaciones del sistema nervioso central y el tipo de célula infectada debido al pequeño número de pacientes. Sumado a los hallazgos radiológicos durante el curso natural, pueden ocurrir secuelas neurológicas significativas asociadas al tratamiento con quimioterapia. Se necesita un estudio de mayor magnitud para aclarar el impacto en el SNC de la ICAEBV pediátrica.
Perfil electrolítico en la estenosis hipertrófica de píloro


Nueva evidencia sobre las alteraciones; Revisión del perfil electrolítico de pacientes con estenosis hipertrófica de píloro.

Dres. Godfrey Jay Tutay, Geoffrey Capraro, Blake Spirko, Jane Garb, and Howard Smithline
Pediatr Emer Care 2013; 29: 465-468

Introducción

La enseñanza tradicional sostiene que la obstrucción alta del tracto gastrointestinal (GI) se asocia generalmente con pérdida gástrica de iones hidrógeno por los vómitos y la posterior alcalosis metabólica hipoclorémica, hipokalémica. El ejemplo tradicional es la estenosis hipertrófica del píloro (EHP).

La estenosis hipertrófica del píloro se presenta clásicamente en lactantes con vómitos en chorro, no biliosos, con una “oliva palpable'' en el abdomen y, a veces una “onda peristáltica'' después de ser alimentados con fórmula o leche materna. Varios estudios demostraron que las clásicas alteraciones electrolíticas de la alcalosis metabólica hipoclorémica, hipopotasémica, están presentes en menos de la mitad de los pacientes con EHP.

Algunos estudios sugirieron que la prevalencia del trastorno electrolítico en la EHP puede haber disminuido en las 3 décadas pasadas. Algunos autores sugirieron que la acidosis podría estar asociada con la EHP, o que se produce una leve acidosis metabólica temprana en la EHP antes de que sean significativas las pérdidas del ion hidrógeno o como resultado de la deshidratación severa producto de los vómitos prolongados.

Aunque la mayoría de los estudios recientes demostraron que la clásica alcalosis metabólica hipoclorémica, hipopotasémica de la EHP es una presentación menos común, se han producido diferentes resultados en diferentes estudios acerca de la proporción de alteraciones electrolíticas.

Los objetivos de los autores fueron (1) determinar la proporción de pacientes con EHP que se presentaron con alcalosis metabólica y alteraciones electrolíticas, (2) determinar si el estado ácido-base de los pacientes con EHP cambió en un lapso de 10 años, y (3) explorar factores que podrían contribuir a las anomalías del estado ácido-base y de los electrolitos en la población de pacientes de los autores.

Métodos

Se trata de un estudio descriptivo de revisión retrospectiva de los pacientes con diagnóstico de EHP en el Centro Médico Baystate en Springfield, Mass, un hospital pediátrico de tercer nivel de atención regional en el oeste de Massachusetts, durante un lapso de 10 años.

Se incluyeron los pacientes pediátricos menores de 6 meses con EHP confirmada por ecografía o seriada GI superior que se sometieron a piloromiotomía en 2000-2009. Este estudio fue aprobado por la Junta de Revisión Institucional de Salud Baystate.

Se incluyeron un total de 205 historias clínicas en la revisión.  Las características demográficas y clínicas de los pacientes se extrajeron de la portada y de la historia clínica y la exploración física (H y E) del médico de admisión (residentes o asistentes) en la visita índice.

Si los datos clínicos no estaban presentes en el formulario de H y E del médico, entonces se buscó el formulario H y E del médico de emergencia (residente o asistente) o, por último, de la consulta del cirujano pediátrico. La primera frecuencia cardíaca y peso fueron obtenidos de las notas de la enfermera de clasificación, de la evaluación inicial de enfermería, o del sistema de información de atención al paciente, o de los sistemas de registros computarizados del servicio de información clínica.

Los primeros valores de bicarbonato sérico (HCO2), potasio sérico (K), y cloruro sérico (Cl) se registraron a partir de la sección de laboratorio de las historias clínicas en papel, del sistema de información de atención al paciente, o del servicio de información clínica.

Se registraron los comentarios del laboratorio con respecto a la presencia y el grado de hemólisis. También se revisaron los registros para anotar los comentarios sobre el número de días de vómitos y la ausencia o presencia de deshidratación clínica. Un segundo revisor de las historias clínicas confirmó la exactitud de la extracción e ingreso de los datos con 20 historias seleccionadas al azar.

La proporción de pacientes con niveles normales y anormales en general, y para cada año, se determinó de acuerdo a las normas de la siguiente manera: HCO2 sérico normal (22-29), HCO2 sérico bajo (<22), HCO2 sérico alto (>29), K sérico normal (3,6-5,2), K sérico bajo (<3,6), K sérico alto (>5,2), Cl sérico normal (98-107), Cl sérico bajo (<98) y Cl sérico alto (>107).

Se realizó regresión logística para analizar una tendencia temporal en la prevalencia de la acidosis metabólica (HCO2 sérico bajo) y alcalosis metabólica (HCO2 sérico alto) al controlar por año de diagnóstico, edad, sexo y raza. Las cifras de los años 2000-2002 se analizaron juntas para aumentar el poder porque en los años individuales eran pequeñas e inestables. Exploraron si el número de días de vómitos se asoció con valores anormales de HCO2, K y Cl.

Resultados

Se incluyeron doscientas cinco historias en el estudio. Los datos demográficos de las cohortes  incluyeron el sexo (88,3% varones), la media de edad (5,3 semanas), la raza (80% blancos, 1,5% afroamericanos, y 1,5% de Asia), y la etnia (26% hispanos). La imagen abdominal antes de la visita índice se llevó a cabo de la siguiente manera: 9 (4,4%) tenían radiografía abdominal previa, 12 (5,8%) tenían ecografía previa, y 10 (4,9%) tenían seriada GI superior previa. De los 205 pacientes, 203 (99%) tenían diagnóstico ecográfico en la visita índice antes de someterse a la cirugía.

Durante el período de 10 años (2000-2009), la proporción de casos de EHP con niveles de HCO2 sérico normal fue del 62% (127/205), con HCO2 sérico bajo fue del 20% (40/205), y con HCO2 alto fue del 18% (38/205). El potasio fue normal en el 57% (117/205), bajo en el 8% (17/205), y alto en el 35% (71/205) de los casos. En general, el 35% (72/205) de las muestras de K se hemolizaron, con el 26% (n=53) demostrando ligera hemólisis, y 9% (n=19) con hemólisis de moderada a grave. La hemólisis estuvo presente en el 48% (34/71) con K alto, 29% (34/117) con K normal, y 24% (4/17) con K bajo. El cloruro fue normal en el 69% (141/205), bajo en el 25% (52/205), y alto en el 6% (12/205) de los casos.

El análisis de regresión logística puso de manifiesto que la prevalencia de alcalosis metabólica se incrementó significativamente durante la década (P=0,009), mientras que la prevalencia de acidosis metabólica disminuyó (P=0,002) y que la mayor edad se asoció con la presencia de alcalosis (P=0,015). El número de días de vómitos se registró en 196 de las 205 historias. Por otra parte, el 18% (36/205) de las historias indicaban deshidratación y el 3% (7/205) indicaban que no había deshidratación. De las historias que indicaban deshidratación, el 14% (5/36) mostró HCO2 bajo, 44% (16/36) HCO2 normal, y 42% (15/36) HCO2 alto.

Discusión

La progresión a alcalosis metabólica hipopotasémica, hipoclorémica, en pacientes con EHP se dice que proporciona un estudio de caso de la fisiología ácido-base y GI. Sin embargo, en la revisión de pacientes de los autores con diagnóstico de EHP en los últimos 10 años, la mayoría de los pacientes con EHP no mostraron alcalosis ni ningún trastorno electrolítico.
Esto es consistente con los estudios realizados por Touloukian y Higgins y Papadakis y colaboradores. Las posibles explicaciones para estos hallazgos podrían incluir la alcalosis metabólica mixta y la acidosis si las pérdidas de iones hidrógeno se compensan con acidemia atribuible a la deshidratación y el diagnóstico precoz por la disponibilidad de la ecografía.

Algunos estudios trataron de utilizar el perfil electrolítico como un predictor de EHP para evaluar a los pacientes que requieren ecografía. Pero los resultados de los autores apoyan otras conclusiones que determinan que los electrolitos séricos son pobres marcadores de EHP. Los autores trataron de determinar no sólo la prevalencia de alteraciones en el ácido-base y electrolíticas en pacientes con EHP sino también la evolución de estos valores en la última década. Descubrieron que la prevalencia de alcalosis aumentó durante la última década, a pesar de que no tener una buena explicación para esta tendencia.

Por último, los autores quisieron explorar si otros factores, tales como la duración de los vómitos, la presencia de deshidratación, o la edad al momento del diagnóstico, afectaban el perfil ácido-base y de electrolitos. Varios estudios realizados en el pasado indicaban que los vómitos prolongados y la deshidratación están asociados con alcalosis metabólica hipopotasémica, hipoclorémica, en pacientes con EHP.

Desafortunadamente, la presencia o ausencia de deshidratación se señaló en una porción demasiado pequeña de la presente cohorte -21% (43 de 205)- para probar adecuadamente el impacto de la deshidratación. Papadakis y colaboradores indicaron específicamente que sus pacientes no desarrollaban hipopotasemia e hipocloremia hasta que el diagnóstico se retrasaba por lo menos 4 semanas. Esto está en contraste con los hallazgos de los autores donde no hubo diferencias significativas en el número de días de vómitos entre los pacientes con valores normales, bajos o altos de HCO2. Los autores especulan que el grado de estenosis u obstrucción y el subsiguiente aumento de la cantidad de la pérdida de iones hidrógeno durante los vómitos también pueden tener un papel significativo en el desarrollo de la alcalosis metabólica clásica.

Los autores encontraron que la edad avanzada se asoció significativamente con la presencia de alcalosis. Es posible que la edad avanzada en el diagnóstico sirva como un marcador de la duración y el grado de la estenosis.

En resumen, aunque la mayoría de los pacientes con EHP se pueden presentar con electrolitos y perfiles ácido-base normales, algunos presentan alcalosis y algunos acidosis. En el centro regional pediátrico de los autores, la incidencia de la alcalosis ha ido en aumento en la última década. Cuando exploraron otras variables asociadas con perfiles ácido-base y de electrolitos anormales, se encontró que la duración de los vómitos no era un predictor significativo, pero que la edad en el momento del diagnóstico se asoció con alcalosis.

Esta investigación apoya la idea de que el análisis de laboratorio no puede ser invocado para determinar si un niño requiere una imagen para diagnosticar EHP, contrasta con los otros en cuanto al impacto de la duración de los vómitos, y ofrece nuevos resultados sobre el impacto del tiempo y la edad avanzada sobre la probabilidad de encontrar alteraciones electrolíticas y del estado ácido-base.

Comentario: El presente estudio aporta nueva evidencia sobre las alteraciones electrolíticas de la EHP, determinando que la clásica alcalosis metabólica, hipoclorémica, hipokalémica no es un hallazgo frecuente. Destaca la importancia de considerar la clínica y el tiempo de evolución de los vómitos para determinar la necesidad de realizar estudios por imágenes para el diagnóstico de la EHP.

Diagnóstico y tratamiento precoz de la sepsis en los adultos

Manejo en la primeras 6 horas: La aplicación de protocolos basados en la evidencia mejora los resultados en el tratamiento de la sepsis

Dr. Robert L. Gauer.
American Family Physician 88(1). July 1, 2013


Introducción 

La sepsis es un trastorno inflamatorio potencialmente mortal, y también la respuesta del sistema inmunológico a la infección. Afecta a más de 750.000 personas por año, con una prevalencia de 3/1.000 personas. Los adelantos en la farmacoterapia y la atención de soporte han mejorado las tasas de supervivencia. Sin embargo, las tasas de mortalidad siguen siendo del 25% al 30% para la sepsis grave y del 40% al 70% para el shock séptico. La sepsis es responsable anualmente del 20% de todas las muertes hospitalarias (210.000), lo que equivale a la cantidad de muertes anuales por infarto agudo de miocardio.

Definición de sepsis

El American College of Chest Physicians y la Society of Critical Care Medicine clasifican como síndrome de respuesta inflamatoria sistémico, sepsis, sepsis grave y shock séptico a la persistencia de la respuesta inflamatoria a los microorganismos.

El diagnóstico de síndrome de respuesta inflamatoria sistémica se hace cuando se cumplen 2 de los 4 criterios siguientes: fiebre, taquicardia, taquipnea y leucocitosis o leucopenia. En ocasiones, este síndrome se produce en usencia de infección, como sucede en los síndromes autoinmunes, las vasculitis, la pancreatitis, las quemaduras, el trauma o la cirugía. La sepsis implica una infección asociada al síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, aunque algunos pacientes con sepsis no cumplen con los criterios aceptados para este síndrome.

Diagnóstico diferencial

Los síndromes que imitan a la sepsis son la hipovolemia, la hemorragia aguda, la embolia pulmonar aguda, el infarto agudo de miocardio, la pancreatitis aguda, las reacciones transfusionales, la cetoacidosis diabética y la insuficiencia suprarrenal.

Etiología

La fisiopatología de la sepsis implica una interacción compleja de los mediadores antiinflamatorios y proinflamatorias en respuesta a la invasión de patógenos. Estos mecanismos provocan daño en el endotelio, permeabilidad vascular, disfunción microvascular, activación de la cascada de la coagulación y deterioro de la oxigenación tisular, lo que da lugar a la cascada de la sepsis.

Los sistemas que más comúnmente se infectan son el respiratorio, el genitourinario y el gastrointestinal, como así la piel y los tejidos blandos. Estos sitios están comprometidos en más del 80% de todos los casos de sepsis. La enfermedad que más comúnmente lleva a la sepsis es la neumonía. Los organismos causantes más comunes son los bacterianos (el 30% al 50% del total de casos son bacterias gram-positivas); sin embargo, un pequeño número de pacientes puede sufrir infecciones fúngicas, virales o parasitarias.

Factores de riesgo

Las personas en los extremos de la edad tienen mayor riesgo de desarrollar sepsis. Los pacientes >65 años son 13 veces más propensos a desarrollar sepsis y tienen un riesgo 2 veces mayor de muerte por sepsis, independiente de la raza, el sexo, las comorbilidades y la gravedad de la enfermedad. Otros factores de riesgo son la desnutrición, la enfermedad crónica, la inmunosupresión, la cirugía o la hospitalización reciente y la permanencia de catéteres u otros dispositivos.

Presentación clínica

Los signos y síntomas de sepsis son altamente variables; a menudo, el diagnóstico clínico se hace antes de que estén disponibles los resultados del cultivo. Aunque puede haber signos y síntomas localizados, tanto la hipoperfusión de los órganos como el shock pueden presentarse sin conocer su causa. Para el diagnóstico de sepsis se deben tener en cuenta los antecedentes del paciente y los datos clínicos y de laboratorio que indiquen la presencia de una infección y la disfunción orgánica.

En general, el sitio más común de la sepsis es el aparto respiratorio, aunque en los pacientes >65 años el sitio más común es el aparato genitourinario. La historia clínica debe centrarse en los síntomas, la cirugía reciente, las enfermedades subyacentes, los datos sobre el uso reciente de antibióticos y los viajes. En el examen físico son importantes los signos vitales (fiebre, hipoxia, hipotensión), la piel (forúnculos o carbunclo, úlceras, celulitis, sitios intravenosos, equimosis o petequias), el aparato pulmonar (taquipnea, hiperventilación, tos, hemoptisis, roncus y estertores, egofonía), el aparato gastrointestinal (dolor o defensa abdominal, disminución de los ruidos intestinales, diarrea), el aparato genitourinario (dolor suprapúbico, dolorimiento costovertebral), el aparato cardiovascular (taquicardia, soplo) y, el sistema nervioso (alteración del estado mental).

La manifestación más común de la sepsis es la fiebre. En los pacientes en los extremos de edad, debilitados, con enfermedades crónicas, que abusan del alcohol y pacientes con uremia es común la ausencia de fiebre y la hipotermia inducida por la sepsis. La hipotensión se presenta aproximadamente en el 40% de los pacientes con sepsis. En las personas mayores, la confusión y la  agitación pueden ser sutiles y ser las únicas presentaciones de esta enfermedad. Con frecuencia, en los pacientes  inmunocomprometidos y en aquellos con neutropenia, el origen de la infección no es evidente.

Manejo precoz

El manejo temprano de la sepsis requiere la estabilización respiratoria. Todos los pacientes deben recibir oxígeno suplementario. Cuando la oxigenoterapia no mejora la oxigenación o no es posible proteger la vía aérea, y la insuficiencia respiratoria es inminente se recomienda la ventilación mecánica. La perfusión se evaluará luego de estabilizar la respiración. La hipotensión es la manifestación de la perfusión tisular inadecuada. Los signos clínicos de hipoperfusión son la piel fría o pegajosa, la alteración del estado mental, la oliguria o la anuria y la acidosis láctica.

Después de la estabilización respiratoria inicial, el tratamiento consiste en la reposición de líquidos, la administración de vasopresores, la identificación y el control de la infección, la administración inmediata de antibióticos y la eliminación o el drenaje de la fuente de infección. Ante la sospecha de un abdomen agudo y de infecciones necrotizantes se impone la consulta temprana con el cirujano general.

La terapia temprana dirigida por objetivos es una estrategia que se implementa dentro de las 6 horas de sospechada la sepsis o el shock séptico. Un estudio prospectivo aleatorizado controlado comparó el tratamiento temprano  dirigido  por objetivos con el tratamiento estándar en 263 pacientes con sepsis, atendidos en salas de urgencias. Los objetivos para ambos grupos de tratamiento fueron similares: la colocación de un catéter venoso central para mantener la presión venosa central entre 8 y 12 mm de Hg, la presión arterial media ≥65 mm Hg y una diuresis adecuada. El protocolo del tratamiento temprano dirigido por objetivos se diferenció del manejo estándar por el mayor contenido de oxígeno (transfusiones de sangre) y la mayor contractilidad cardíaca (uso de inotrópicos) para lograr una saturación de oxígeno venoso central >70%. Los pacientes del grupo de tratamiento temprano dirigido por objetivos recibieron más líquidos por vía intravenosa (5 L vs. 3,5 L), soporte inotrópico (13,7% vs. 0,8%) y transfusiones de glóbulos rojos concentrados (64,1% vs. 18,5%) dentro de las 6 horas que el grupo de manejo estándar. Los resultados del estudio demostraron que el tratamiento temprano dirigido por objetivos disminuyó la mortalidad hospitalaria en comparación con el manejo estándar (30% vs. 46%). En los pacientes con sepsis grave, la intervención temprana destinada a normalizar la saturación de oxígeno venoso central y mejorar los niveles de lactato aumentó las tasas de supervivencia.

Un metaanálisis sobre la reanimación cuantitativa destinada a puntos finales hemodinámicos definidos mostró que la reanimación temprana redujo significativamente la tasa de mortalidad en comparación con la reanimación tardía (39% vs. 64%).

Laboratorio y estudios radiográficos

Las pruebas recomendadas son el hemograma completo, las pruebas metabólicas básicas, la medición del lactato y de los niveles de enzimas hepáticas, estudios de coagulación y análisis de orina. Las infecciones respiratorias sospechosas deben ser evaluadas mediante una radiografía de tórax y el análisis de los gases en sangre arterial para detectar la hipoxemia y las alteraciones del equilibrio ácido-base. Si se sospecha una coagulación intravascular diseminada se deberán determinar los productos de degradación de la fibrina, el dímero-D y los niveles de fibrinógeno. Son varios los marcadores biológicos de sepsis que pueden tener utilidad diagnóstica y pronóstica, como la proteína C-reactiva, la procalcitonina, el tiempo parcial de tromboplastina activada y la interleucina-6, pero la falta de ensayos estandarizados limita su utilización en la práctica. Se deben hacer cultivos de sangre periférica (2 periféricos y 1 cultivo de cada sonda permanente), urocultivo, coprocultivo (para la diarrea o el uso reciente de antibióticos) y, cultivos de esputo, piel y tejidos blandos. Sin embargo, en el 50% al 65% de estos pacientes los resultados de los hemocultivos son negativos. Los líquidos cefalorraquídeo, sinovial, pleural y peritoneal deben ser evaluados sobre una base clínica.

La ecocardiografía está recomendada para diagnosticar la endocarditis y debe ser realizada en pacientes con soplos cardíacos o cuando se sospecha el uso de drogas por vía intravenosa. La evaluación de la embolia pulmonar requiere una tomografía computarizada (TC) del tórax o un estudio de ventilación-perfusión mientras que la sospecha de infección abdominal o pélvica es la indicación de una TC abdominal y pélvica. Para detectar un absceso renal o una pielonefritis complicada suele ser necesaria la ecografía renal o la TC. La TC de cráneo está indicada en los pacientes con alteración del estado mental, kpara descartar una hemorragia intracraneana, un absceso o el cáncer.

Reanimación inicial con líquidos

La prioridad ante la sospecha de sepsis es establecer un acceso vascular e iniciar la reanimación con líquidos. La hipovolemia, la depresión del miocardio y la hipoperfusión (denominado "shock distributivo") dan lugar a la hipotensión, el evento más importante responsable de la morbilidad y la mortalidad en los pacientes con sepsis. Una vez reconocida la sepsis, de inmediato se debe iniciar la administración de líquidos intravenosos. El retraso de la reanimación con líquidos puede empeorar la hipoxia tisular, lo que lleva a una disfunción multiorgánica. Los líquidos de reanimación más utilizados son los cristaloides isotónicos. Sin embargo, el uso de líquidos coloides no mostró diferencias en el edema pulmonar, la mortalidad o la duración de la hospitalización, en comparación con el uso de líquidos cristaloides isotónicos.

La dosificación de los líquidos intravenosos suele ser empírica, sin embargo, para tener una guía en la terapia inicial con líquidos la mayoría de los médicos utiliza la  medición de la presión venosa central. Más allá de las primeras 12 horas de iniciada la sepsis, las presiones venosas centrales son malas predictoras de la respuesta hemodinámica al aporte de líquidos. Por lo tanto, luego de ese período, para evaluar la respuesta del organismo al aporte de líquidos es más precisa la evaluación de los cambios en la onda arterial mediante el uso de los sistemas de control del gasto cardíaco. El objetivo de la reanimación inicial es optimizar el volumen intravascular, con una presión venosa central objetivo de 8 a 12 mm de Hg, y de 12 a 15 mm de Hg cuando los pacientes están en ventilación mecánica. La reanimación con líquidos debe comenzar con un bolo de 20 ml/kg en, infundidos en 30 minutos o menos. El grado de hipovolemia orientará los niveles objetivo futuros. El incremento de líquidos se hará con volúmenes de 500 ml. En 2 ensayos de sepsis ya reconocida, el volumen promedio de líquidos de reanimación fue de 5 L en 6 horas y de 6,3 L en 12 horas. Luego de las primeras 12 horas de sepsis, la respuesta a la reanimación con líquidos y las tasas de administración deberán ser evaluadas sobre la base de la respuesta de la presión arterial, la perfusión tisular  y la diuresis. La supervivencia óptima se produce con un balance positivo de líquidos de 3-4 litros en 12 horas.

Vasopresores

Cuando la administración intravenosa de líquidos no puede restaurar una presión arterial media y una perfusión tisular adecuadas, se recomiendan los vasopresores como terapia de sostén. La presión arterial media debe mantenerse por encima de los 65 mm de Hg. Los agentes vasopresores de primera línea recomendados para el tratamiento del shock séptico son la dopamina y la norepinefrina. Un ensayo controlado aleatorizado (N = 1,679) que comparó la dopamina y la norepinefrina no mostró ninguna diferencia clínicamente significativa entre los grupos respecto de la mortalidad a los 28 días, aunque hubo episodios de arritmia que fueron más comunes en el grupo tratado con dopamina. Para las personas con shock séptico, la mayoría de los expertos prefiere el uso de norepinefrina a la dopamina. El agregado de dosis bajas de vasopresina a la norepinefrina puede tener una acción sinérgica pero no mejora las tasas de mortalidad a los 28 días en las personas con sepsis grave, comparado con el uso de noradrenalina sola.

En la práctica clínica no se recomienda el uso de dosis bajas de dopamina para mantener la función renal o para el tratamiento de la disfunción renal. Un metaanálisis no mostró beneficio en la reducción de la mortalidad, la prevención de la insuficiencia renal aguda o la necesidad de diálisis en pacientes en estado crítico.

Tratamiento con antibióticos

La terapia con antibióticos apropiados se asocia con mejores resultados clínicos. Las guías de consenso recomiendan el tratamiento antibiótico precoz (antes de transcurrida 1 hora de sospechada la sepsis). En el shock séptico, el inicio del tratamiento antibiótico dentro de la primera hora aumenta la supervivencia; con cada hora de retraso del comienzo del tratamiento antibiótico, la supervivencia disminuye aproximadamente 8%. El tratamiento antibiótico empírico debe basarse en la fuente más probable, el contexto clínico (sepsis adquirida en la comunidad vs. sepsis nosocomial), el uso reciente de antibióticos y los patrones de resistencia locales. Una vez identificado el organismo causante, el tratamiento antibiótico empírico debe reducirse o redirigirse, con lo que se disminuye el riesgo de resistencia o sobreinfección.

Un meta-análisis realizado en 2010 comparó el tratamiento con antibióticos combinados con la monoterapia y mostró un beneficio en la supervivencia y mejor respuesta clínica en los pacientes con shock séptico.  Sin embargo, el tratamiento antibiótico combinado no mejoró la supervivencia en los pacientes con shock séptico en comparación con la monoterapia en los pacientes hemodinámicamente estables. Cuando existe el riesgo de bacteriemia por Pseudomonas aeruginosa, se recomienda el tratamiento específico para esos microrganismos.

Manejo posterior

La mejora de la supervivencia sigue estando supeditada al reconocimiento y el tratamiento precoz de la sepsis grave y del shock séptico. Los avances terapéuticos han dado lugar a la elaboración de guías que exigen realizar la reanimación dentro de las 6 horas. Esto implica iniciar el monitoreo de la presión venosa central y de la saturación de oxígeno central dentro de las 2 horas, administrar antibióticos de amplio espectro dentro de las 4 horas—aunque se prefiere que sea durante la primera hora—iniciar el tratamiento temprano dirigido por objetivos dentro de las 6 horas y, hacer el seguimiento de la depuración de lactato. Los pacientes que acuden al servicio de urgencias con sepsis y completan el protocolo de reanimación antes de ser transferidos a la unidad de cuidados intensivos tienen tasas de mortalidad hospitalaria más bajas que los pacientes cuyos protocolos de reanimación no se completaron (21% vs. 40%).

Además del tratamiento precoz dirigido por objetivos, se aplican otras terapias que pueden mejorar los resultados. En ensayos controlados aleatorizados, el uso de dosis bajas de corticosteroides, del control glucémico convencional (glucemias <180 mg/dl) (en oposición al control glucémico intensivo) y la ventilación mecánica con volúmenes corrientes bajos redujeron la mortalidad en los pacientes con sepsis. En los pacientes con un nivel de hemoglobina <7 g/dl se recomienda el tratamiento con hemoderivados (concentrados de hematíes) para alcanzar un nivel objetivo de hemoglobina de 7-9 g/dL, aunque en los pacientes con una saturación de oxígeno venoso central baja (<70%), el protocolo del tratamiento precoz dirigido a objetivos utiliza un nivel objetivo de hematocrito ≥30%. La drotrecogina alfa, un tratamiento inicialmente prometedor para la sepsis y el shock séptico en adultos, fue retirado del mercado en 2011 luego de haberse demostrado que no mejora la supervivencia.

Normas para el futuro

Las encuestas en los centros médicos que aplican programas de tratamiento temprano dirigido por objetivos  mostraron una reducción del 45% del riesgo relativo de mortalidad. Los estudios prospectivos muestran que el uso de un conjunto de disposiciones hospitalarias para la reanimación con líquidos y el tratamiento antibiótico apropiado reduce las tasas de mortalidad a los 28 días (48% vs. 30%). Para superar las barreras clínicas e institucionales que dificultan el cumplimiento de los protocolos de tratamiento temprano, algunos médicos han colaborado con pequeños hospitales rurales para brindar asesoramiento mediante la telemedicina, como un mecanismo de apoyo para el tratamiento de la sepsis.

Pronóstico

Los pacientes que sobreviven a la sepsis, independientemente de su gravedad, tienen mayores tasas de mortalidad tras el alta. La tasa de mortalidad al año después del alta hospitalaria de una sepsis grave oscila entre el 7% y el 43%. Los sobrevivientes de la sepsis también tienen mayor incidencia de trastornos por estrés postraumático, disfunción cognitiva, discapacidad física y disfunción pulmonar persistente.

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